Make your own free website on Tripod.com

 HOMENAJE AL HISTÓRICO

 CARRETERO

          Ven Torillo, ven Chaparro.

Ya se marchan las carretas de la Sierra

ha llegado el mes de marzo.

 

         Las mujeres de mi pueblo

se amontonan junto al carro

que es su vida

y se va su carretero todo el año:

Pedro Ucero, Angel Chicote, el tío Paco.

 

         Las mujeres de mi pueblo

les preparan el subeo, las coyundas,

los corniles y los sacos.

 

        "¡Hala, Juana!, cuida bien de los muchachos".

 

        El adiós del carretero es tan profundo

que no salen las palabras de sus labios.

 

        Ya se marchan las carretas.

Ya se van el pueblo abajo

y la vara, compañera en el camino,

siempre al brazo.

 

        En Espeja y Espejón, cargan el jaspe.

La madera en los pinares de la Sierra.

Ven Torillo, ven Chaparro.

 

       Ya se acercan a la villa del Madroño.

D. Felipe, El Escorial, han arribado,

y la pica del artista les de vida

en la augusta seriedad del herreriano.

 

        D. Felipe agradece los servicios de carretas

y les da su real mano,

concediendo privilegios de nobleza

a las villas que trajinan con los carros.

 

        Ya se marchan las carretas de Madrid,

el azogue de Almadén están cargando.

Ven Torillo, ven Chaparro.

 

        En la ruta de Sevilla, el tratequeo

se oye claro.

Va en cabeza el mayoral con su ayudante

la descarga del azogue va a los barcos.

 

        Carretero,

tu mirada se ha clavado:

los betunes fabricados en los hornos de tu pueblo,

tapan todas las ranuras de los cascos

y los pinos de tu Sierra, desde América

traen plata para dársela a tu carro.

 

         Las carretas están listas,

van cargadas de oro blanco.

Ven Torillo, ven Chaparro.

 

         Traqueteo de los ejes y las ruedas,

con la vara bajo el brazo,

tez curtida por los vientos y los soles.

Mira lejos y en el prado,

ve a la Virgen de la Guía que le dice:

"Llegarás pronto a mi lado, carretero,

yo te guío, yo te guardo."

 

          Al compás de las carretas

la boyada va rumiando.

Emigrante de caminos, 

Quintanar pide a sus hijos,

que recuerden en sus pasos:

el Peñedo, la Campiña, Rozavientos,

San Martín, Peña el Cuervo, Peña el Vaso,

la Roza, el Cerro, la Cacera, el Centro.

Ven Torillo, ven Chaparro.

 

          Sueña, sueña en tus cumbres,

amontona en las arcas de palacio

el tesoro americano que transportan.

Carretero, con la vara bajo el brazo

Portugal será tu meta.

El Reino manda.

Torillo ven, ven Chaparro.

 

          Es necesario andar en tus trajines,

y llevar el tiro y el cañón pesado.

En Mérida dejaste los pertrechos

sorteando peligros de enemigos cercanos.

En Hontoria, cargando las carretas de piedra

para la Catedral, milagro humano.

 

          Las salinas de Imón, Añana y Poza,

te dieron su riqueza y tú magnánimo,

la llevaste a los pueblos

del Reino de León,

de Castilla, Vascones y Navarros.

 

          Mil macizas carretas a Barcelona marchan

el año de escasez, a llevar grano.

 

          A Quintanar se acerca el carretero,

ausente casi un año.

 

          Ya se acercan las carretas de la Sierra,

ya se ven aparecer por el Majano.

Los ancianos, las mujeres y los niños

corren prestos a fundirse en un abrazo:

"¡Hola, Juana!, ya hemos vuelto

¿Qué tal  andan los muchachos?"

 

          Las Dehesas cabe el Duero les esperan,

la boyada se encamina hacia los pastos,

en tres meses del invierno

recuperan energías el Torillo y el Chaparro.

 

          Carretero de la Sierra, estás en casa.

Goza un poco del descanso.

El invierno es duro y frío

y en tu casa, en la cocina,

te has jugado, como dice Loperráez,

el dinero que ganaste todo el año.

 

          En los días menos duros

tienes ratos de placer jugando al dardo.

Navidades, Año Nuevo, Sebastianes,

Candelaria y... llega marzo.

 

"¡Hala, Juana!, cuida bien de los muchachos."

 

          Ya se marchan las carretas de la Sierra,

ya se van el pueblo abajo.

Quédate un rato conmigo, junto al pueblo,

Quintanar te da un abrazo

y te arrulla con su risa pinariega.

 

           Carretero, para el carro.

Ven a Sanza y goza el néctar del verano.

Si te vas, la villa queda fría y triste.

No te vayas. Para el carro.

 

          Pero tú me miras fijo,

la colilla entre los labios

y mirando a la carreta que es tu vida:

¡ven Torillo, ven Chaparro!

                       FIN

Autor: Pedro Gil Abad. Historiador y catedrático de Geografía e Historia. Hijo Ilustre de Quintanar. Copiado de su libro: "QUINTANAR DE LA SIERRA, un pueblo burgalés en la comarca de Pinares" Pág 403 a 406

 

Ir atrás                                                    Ir a más poesías a Quintanar